miércoles, abril 20

20 años sin justicia para Walter


Se cumplió ayer un nuevo aniversario sin justicia para Walter. Este sábado en el Parque Centenario la Correpi estrenará el video de Walter.
A continuación compartimos con ustedes una crónica que realizara uno de nuestros amigos, debutando actualmente en el mundo editorial, con motivo de cumplirse los 19 años del asesinato de Bulacio.



Cicatrices represivas
Por Matías Cambiaggi 
     
Fue difícil crecer durante los noventa en nuestro país con tanto viento en contra.
Entre la carencia de proyectos colectivos y una sociedad que profundizaba su caída en la fragmentación, egoísmo y desigualdad al grito de sálvese quien pueda, no había lugar para ser joven, menos aún si el origen era el conurbano bonaerense. Significaba ser parte de aquellos que no estaban invitados a esa fiesta para pocos que organizó el menemismo y en la cual, la Polícía hacía de Patovica.
Será por eso, tal vez, que todos los que atravesamos los ´90, llevamos algunas cicatrices de diversos encuentros desafortunados con el país que nos era esquivo. Algunas de ellas personales e intransferibles, pero otras tantas, son sin dudas, colectivas y nos recorren a todos por igual, dando testimonio de un viaje compartido y accidentado. Walter Bulacio es una de ellas. Tal vez la más profunda.
Hoy, a pocos días de cumplirse otro año desde el asesinato de Walter, suman ya  diecinueve, una nueva marcha de la CORREPI exigió la justicia que nunca llegó y al mismo tiempo, dio la medida de qué tan persistente puede resultar el fantasma de aquella década, aún después de tantos años.
     En uno de los costados de la Plazoleta que rodea al Obelisco- lugar previsto para la concentración- van apareciendo, lentamente, las organizaciones participantes, mayormente partidos con nombres sólo adivinables, por su común elección por las siglas: UTL, MBL, PTS, MST, CCC y MTR, y se suman a ellas, las que aportan, aunque sin apartarse de esta costumbre, unas bienvenidas vocales a sus nombres: FUBA, CEFYL y hasta la convocante CORRREPI. 

“Aunque no parezca nosotros también lloramos. Claro que lloramos! Pero nos secamos las lágrimas y seguimos peleando. Otra no nos queda”. Dice, desde el micrófono, uno de los familiares víctimas de la violencia institucional que integran la CORREPI y sus palabras generan de inmediato un súbito aplauso, espontáneo y generalizado.
La concurrencia es escasa, unas 300 personas, aunque más tarde crecerá hasta 600 durante la marcha hacia la Plaza de Mayo, por lo cual los pequeños parlantes ubicados sobre el techo de un Falcon bordó que se las habrá arreglado en su momento para gambetear  al Plan Canje, son suficientes.  A escasos dos metros de ellos, en el centro de la escena y en parte ajena a las miradas de los convocados, una pibita que trabaja limpiando vidrios en los semáforos, baila al ritmo de una de las canciones de los Redondos con su secador como estandarte. No muy lejos de ella los “sin techo” que duermen a diario en esta plaza de hormigón, le festejan, en complicidad, las acrobacias, del mismo modo que desde otro rincón de la plaza lo hacen algunos militantes mientras sostienen sus banderas.
     Los recitales de los Redondos fueron durante años el refugio y lugar de encuentro de todos los marginales que soñaban con aquello de que cuando la noche es más oscura comienza el día en tu corazón. Walter fue asesinado, precisamente, a la salida de uno de sus recitales, luego de ser detenido junto a un centenar de jóvenes por el sólo hecho de concurrir a un recital. El principal sospechoso, el comisario Espósito sólo cumplió dos horas de arresto y quedó en libertad. Sin embargo, es mucho más lo que está en juego, porque el gran número de casos similares al de Walter nos habla de que no se trató sólo de un “exceso policial”.  
El gatillo fácil fue una política de control social de la que nunca nadie reclamará derechos intelectuales, sin embargo ha sido tan real como el golpe en la cabeza que le quitó la vida a Walter.
-¿Qué rol está cumpliendo el gobierno en este tema? Le pregunto a una de los organizadores.
- Se habían ofrecido como querellantes en la causa, pero el fallo de la Corte (Interamericana) responsabiliza al Estado, así que no pueden ser querellantes porque no pueden estar de los dos lados del mostrador. El Estado es el responsable de estas políticas. Nunca se van a hacer cargo porque eso significaría aceptar que no se trata de un policía violento, sino de una política de Estado.
Según afirma un volante de la CORREPI, el Estado argentino debía indemnizar a la familia de Walter, de acuerdo al fallo de la Corte Interamericana, sin embargo cuando pregunto sobre esta cuestión, la respuesta es nuevamente desalentadora.
-La familia no recibió nada del gobierno.  Ni siquiera de la banda. Aunque se comentó que habían hecho cosas para juntar plata para la familia es todo mentira. Nunca le pasaron un peso a la abuelita de Walter, ni al resto de la familia.    
La abuelita de Walter parecía invisible para todos, incluso para mi que la tenía delate y no la había reconocido. Estaba sentada sobre la incómoda estructura semicircular que rodea al obelisco y que pretende ser, según los usos de la moderna arquitectura urbana, un asiento para los transeúntes. Vestía humildemente, sin los brillos de quienes se saben dueños de la escena, con un pantalón de tela verde y unas zapatillas tan blancas como su cabellera y sólo la acompañaba su otra nieta, la hermana de Walter y un silencio grave, como en el que suelen caer quienes llevan largas esperas.
Cuando le avisan que va a hablar Verdú, se levantó rápidamente, desafiando sus 82 años y el largo viaje desde Aldo Bonzi para acompañarla en un plano más expuesto del humilde escenario callejero.
La referente de la CORREPI cerró el acto afirmando que es necesario seguir la pelea por Walter y por Todos y el recuerdo reciente de Maxi y Darío o de Luciano Arruga, entre tantos otros, la eximieron de dar mayores explicaciones.

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